En el corazón del distrito EUR de Roma, se alza un edificio que no deja a nadie indiferente. Con su geometría perfecta, su fachada perforada por 216 arcos simétricos y su blancura marmórea que resplandece bajo el sol romano, el Palazzo della Civiltà Italiana —también conocido como Coliseo Cuadrado o Colosseo Quadrato— se ha convertido en un ícono de la arquitectura italiana del siglo XX. Este edificio es mucho más que una estructura monumental: es un símbolo cargado de historia, arte, ideología y reinvención.

Un palacio para representar toda una civilización
El Palacio de la Civilización Italiana fue concebido como uno de los edificios clave para la Esposizione Universale di Roma (EUR), programada para 1942. Este evento internacional, pensado para celebrar los logros del régimen fascista, nunca se celebró por el estallido de la Segunda Guerra Mundial, pero el legado arquitectónico que dejó es impresionante.
El Palazzo fue encargado directamente por el gobierno de Benito Mussolini, que quería crear una «nueva Roma» para demostrar el poderío de la Italia fascista. Así, en 1937 se abrió un concurso que ganaron los arquitectos Giovanni Guerrini, Ernesto Bruno La Padula y Mario Romano, cuya propuesta reinterpretaba el Coliseo clásico en clave moderna.
La obra comenzó en 1938 y fue prácticamente finalizada en apenas 15 años, aunque el edificio no se inauguró oficialmente hasta varias décadas después. Hoy, este palacio es uno de los ejemplos más conocidos de arquitectura fascista, y una parada imprescindible para quienes buscan comprender la historia moderna de Italia a través de sus formas.
Una fachada que lo dice todo
Lo primero que llama la atención al llegar al edificio es su colosal simetría. Los seis pisos del Palazzo della Civiltà Italiana están atravesados por nueve arcos en cada dirección, formando un patrón de 216 arcos de medio punto que recuerda a los antiguos acueductos romanos.
Pero lo que realmente atrapa la mirada es la inscripción en lo alto de la fachada. Tallada en mayúsculas, esta frase resume el espíritu ideológico del régimen fascista:
«Un pueblo de poeti, di artisti, di eroi, di santi, di pensatori, di scienziati, di navigatori e di trasmigratori.»
Traducido:
«Un pueblo de poetas, de artistas, de héroes, de santos, de pensadores, de científicos, de navegantes y de emigrantes.»
Esta declaración pretendía encapsular la grandeza del pueblo italiano a lo largo de la historia, exaltando su papel en el desarrollo cultural, espiritual y técnico de la humanidad. Es el eslogan que da sentido al propio nombre del edificio: Palazzo della Civiltà Italiana, el palacio de la civilización italiana.

Una escultura para cada concepto
Al pie del edificio se alzan 28 estatuas de mármol travertino, colocadas entre los arcos de la planta baja. Cada una representa una figura idealizada de estos «italianos ejemplares»: el poeta, el artista, el héroe, el santo, el pensador, el científico, el navegante…
Estas esculturas, realizadas por varios artistas entre 1938 y 1940, hacen del palacio una especie de templo laico de la italianidad, donde los valores del régimen se mezclaban con una herencia cultural milenaria. Es un homenaje visual a la idea de que Italia ha sido cuna de talento y civilización desde tiempos antiguos.
Arquitectura racionalista: belleza sin ornamento
El Palazzo della Civiltà Italiana es un ejemplo perfecto de arquitectura racionalista, el estilo dominante en la Italia de los años 30 y 40. Esta corriente buscaba una estética austera, funcional y monumental, alejada de los excesos decorativos del pasado.
Aquí no hay columnas jónicas ni cornisas recargadas. Solo líneas puras, volúmenes geométricos y proporciones clásicas reinterpretadas con materiales modernos. Esta sobriedad es parte de su fuerza visual. Por eso, muchos consideran que el edificio resume la visión idealizada del régimen sobre la «civiltà del lavoro»: la civilización construida por el trabajo disciplinado, heroico y colectivo.

De propaganda a símbolo cultural
Durante años, el edificio quedó en parte abandonado o subutilizado. Su carga simbólica era demasiado fuerte y muchos italianos no sabían qué hacer con él. Pero en las últimas décadas ha resurgido con un nuevo significado.
Desde 2015, el Palazzo della Civiltà Italiana es sede de la casa de moda Fendi, que lo ha restaurado y transformado en su cuartel general. Esta decisión ha reactivado el interés por el edificio, que ahora también alberga exposiciones temporales de arte contemporáneo, diseño y fotografía. El contraste entre la arquitectura de origen fascista y el uso moderno de lujo cultural lo convierte en un símbolo de reapropiación y resignificación.
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Visitar el Colosseo Quadrato no es solo contemplar un edificio espectacular. Es abrir una ventana a una época, a una ideología y a una visión del mundo que marcó profundamente la historia del siglo XX. Pero también es una oportunidad para descubrir cómo la arquitectura puede transformarse, adaptarse y dialogar con el presente.
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