En lo alto del apacible Valle de Rieti, entre viñedos, olivares y colinas cubiertas de bosque, se encuentra uno de los lugares más íntimos y conmovedores del itinerario franciscano en Italia: el Santuario de La Foresta. A tan solo unos kilómetros de Fonte Colombo y del centro de Rieti, este rincón es un auténtico remanso de paz donde se percibe, aún hoy, la huella espiritual de San Francesco.
Más que un destino turístico, La Foresta es una invitación al silencio, a la contemplación y a redescubrir la sencillez como camino hacia lo esencial. Si buscas experiencias auténticas y con alma, sigue leyendo: esto es para ti.

Un retiro entre árboles y oración
El Santuario de La Foresta fue uno de los lugares elegidos por San Francisco de Asís para retirarse a orar y descansar junto a sus hermanos. El entorno natural, la tranquilidad del lugar y la cercanía de fuentes de agua fresca lo convirtieron en el sitio perfecto para la vida ermitaña y el contacto directo con la creación.
Según la tradición, Francisco llegó aquí enfermo y agotado, buscando un respiro del bullicio. Se alojó en una sencilla cabaña, rezó, meditó y sanó en cuerpo y espíritu. Poco a poco, el lugar se convirtió en un pequeño centro espiritual, donde también se produjeron varios milagros y se gestaron ideas clave de su predicación.
El milagro de la viña
Una de las anécdotas más conocidas sobre este santuario está relacionada con la producción milagrosa de vino. Se cuenta que un campesino ofreció a los frailes una pequeña parcela de tierra con unas pocas cepas, sin esperar mucho rendimiento. Sin embargo, la vendimia fue tan abundante que cubrió todas las necesidades de la comunidad. El hecho fue considerado un regalo divino, una muestra de la Providencia que acompaña a quienes viven con fe y humildad.
Este relato aún se recuerda en las visitas guiadas y se representa en frescos y esculturas dentro del santuario.
Santa Maria della Foresta
El corazón espiritual del complejo es la pequeña iglesia dedicada a Santa Maria, que da nombre al lugar: Santa Maria della Foresta. Su interior es sencillo pero lleno de historia, con frescos que datan de diferentes épocas y que relatan pasajes de la vida del santo.
Entre ellos destaca la imagen de San Francisco predicando a los campesinos del valle, un episodio en el que el santo dejó claro que el Evangelio no era solo para religiosos o eruditos, sino también para el pueblo llano, para los “prete che” (campesinos y trabajadores sencillos) que querían vivir con sentido y compasión.

La Foresta hoy: paz, naturaleza y espiritualidad
Visitar La Foresta hoy es como abrir un paréntesis en el tiempo. El entorno natural se conserva prácticamente inalterado, el aire es limpio, los senderos invitan a caminar sin prisa y los frailes que aún habitan allí mantienen viva la hospitalidad franciscana.
Muchos viajeros llegan buscando desconexión, otros se acercan con fines religiosos o por interés histórico, pero todos se marchan con la sensación de haber vivido algo distinto, más humano, más profundo.
Conecta La Foresta con otros lugares franciscanos
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Cada uno de estos santuarios completa un mosaico de espiritualidad, naturaleza y sencillez que define no solo la vida de San Francisco, sino también el alma más pura de la Italia interior.
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